Las semanas van pasando y poco a poco ya todos hemos cogido el ritmo del
nuevo curso y el nuevo convenio. La vida en casa con "la peque" parece
más armoniosa y se nota mucho que compartir de manera igualitaria el tiempo con
mamá y papá (os recuerdo la peque viene dos días por semana a casa y fines de
semana alternos) hace que pasemos menos tiempo sin vernos y los reencuentros ya
son rutina, son más suaves, menos tensos, más cómodos para todos. Se nota el cariño
entre los hermanos cuando están juntos y conmigo y con el padre. Crece nuestro
día a día y con ello la sensación de familia.
A pesar de todo, la super-madre y ex parece que no ceja en su empeño de poner
piedras en el camino y aprovecha cualquier oportunidad para desacreditar y
ningunear a nuestra familia. Comentarios malos sobre mí llevan siendo habituales
desde hace años y yo, ingenua de mí, pensaba que con el tiempo y el cariño se daría
cuenta que yo quiero a "la peque", y que la cuido y la protejo y que ella
no tiene nada que temer. Que su puesto no lo ocupa nadie, que respeto su figura
de madre, y que no hay nada de malo (sino todo lo contrario pienso yo) en que
en mi casa su hija se sienta querida y segura.
Lejos de mejorar, la situación se ha enquistado. Nos solemos encontrar en la
puerta del colegio y nunca, nunca, responde a mis saludos o a "las buena tardes".
La buena educación parece que no está entre los valores que quiere fomentar y prefiere
quedar como la 'pobre mami que tiene que aguantar a la madrastra sonriente' que
como una señora con buena educación. No permite que las hermanas hablen cuando
nos encontramos en la puerta del colegio por la tarde y en las ocasiones en que
le traigo alguna bolsa (por ejemplo la de gimnasia) ni siquiera me mira. Yo le
doy el equipo de gimnasia que su hija debe llevar el lunes al cole sin afán de
molestar, sino todo lo contrario, de facilitar la labor y normalizar la
situación. Este año ha coincidido que la niña tiene gimnasia los lunes y por
tanto la bolsa la intercambiamos en función de con quien está ese fin de
semana.
Ante la propuesta del padre de comprar otro chándal, la super-madre se negó
a comprarlo argumentado que no es problema y que no es necesario gastar dinero.
Me parece perfecto, pero seamos coherentes. Cuando te damos la bolsa su padre o
yo, al menos, podrías saludar y decir gracias, no? Tampoco cuesta tanto. Yo
saludo cuando subo al bus, a la cajera del supermercado, a mi vecino del quinto.
Vamos, lo típico en una sociedad civilizada. Pero no, ella quiere dejar patente
un conflicto conmigo que no es tal, porque yo jamás, y digo bien, jamás, he
tenido nada con ella. Conocí a mi marido cuando éste llevaba años separado y
nunca he interferido en cuestiones vitales referentes a la niña (médicos, colegios,
etc.).
Por seguir con el tema de la dichosa gimnasia, ella se suele
"olvidar" la bolsa - y lo pongo con comillas porque me quedan dudas
si lo hace por olvido o por tocar un poquito más la moral - y es la excusa
perfecta para cruzar emails, whapsapps y llamadas con mi marido y acabar en la
puerta de mi casa durante el fin de semana con la bolsa de gimnasia. Tampoco
cuando llama a la puerta saluda y sólo se dirige a su hija, como si la persona
que abriera la puerta (ya sea yo o el padre, aunque lo hace sobre todo conmigo)
fuéramos invisibles.
Esta actitud de mala educación y de sostener un conflicto artificial hace mella
en "la peque" quien desde hace años manifiesta un conflicto de lealtades.
O al menos, así lo veo yo. El conflicto de lealtades se evidencia en miles de sutiles
maneras, de comentarios aparentemente casuales, de silencios o "no me
acuerdos", y, en ocasiones, de manera algo más patente.
Os cuento algunas anécdotas para que podáis tener una opinión propia y me digáis
qué os parece.
Los días que recojo yo a mi hija y su hermana, "la peque" me
trata naturalmente, besos, abrazos, me cuenta las cosas del cole… sin embargo, los
días que sabe que va su madre a recogerla ni siquiera se acerca a mí. Me saluda
tímidamente con un dedito y una media sonrisa. A veces, ni eso. La semana
pasada la madre (o la vecina que la recoge en ocasiones en lugar de su madre)
no llegó puntual y "la peque" se quedó en el hall del cole esperando.
Cuando yo salí con mi hija la vimos sentada en el sofá y nos acercamos a darle
un beso.
"La peque": ¿y mi madre?
Yo: Pues no sé cariño
"La peque": ¿Hoy viene María (la vecina)?
Yo: Pues tampoco lo sé. Lo siento. ¿Quieres que nos quedemos aquí contigo mientras que llega? Así no estás sola.
"La peque": No, no…por favor, por favor, iros (e hizo con un gesto apartándonos con la mano) .
Yo: Bueno, pues vale. Vámonos hija que la hermana prefiere que nos vayamos.
Mi chiquitina: Pero ¿por qué?
Yo: Pues la verdad es que no lo sé, dije mirando a "la peque"
"La peque": (silencio)
Yo: ¿Algún día me explicarás por qué?
"La peque": (más silencio)
Yo: Bueno cariño, pues no te molestamos más, nos vamos a casa. Hasta mañana.
No la culpo, aunque no puedo decir que no me dolió como una puñalada. Mi
hija me miraba y me tuve que contener
las lágrimas para no añadir más tensión al asunto. La noche anterior habíamos estado
jugando en la cama, riendo, y hoy…..como si no nada.
Yo creo que lo hace de manera casi inconsciente, no reflexiona sobre el
tema, simplemente no quiere que su madre me vea, quiere evitar el supuesto conflicto. Su padre, habló después con ella
sobre esta situación, su respuesta…"no me di cuenta", "ni
siquiera me acuerdo".
La última fue en Halloween. "La peque" disfruta yendo a las
tiendas de disfraces y le encanta poder ir al cole disfrazada el día de
Halloween. Quería ir de novia muerta de Jack Sparrow (es creativa, la niña a
qué si!) y (lo mejor) quería ir conmigo
a comprar el disfraz!!! Genial! Me encanta la idea! Pero le recordé que lo
tiene que hablar con su madre antes y si la parece bien pues entonces vamos una
tarde de tiendas (me quería cubrir las espaldas y evitar un nuevo conflicto porque
no es la primera vez que hacemos algo con la niña y luego la madre dice que no vale
o que no le gustado lo que hemos comprado o la manualidad que hemos hecho y
simplemente lo tira o compra otra cosa). Parece que la madre no tenía problema
alguno. Fuimos a comprar el disfraz, reusamos un vestido del año pasado, compramos
unas medias con calaveras, ratas negras de adornos, peluca negra, y una espada (por
si acaso, aunque en casa de su madre tiene una). El gorro lo cogimos del disfrazar
de pirata de mi niño que le trajimos de un viaje a Londres y es chulísimo. En
casa decidimos que, ya que tenemos el mismo número de pie (es altísima con 9 años),
se pondría unas botas altas de piel mías.
Lo probamos todo y le quedaba genial! Habló con su madre por teléfono y le
contó todo el disfraz. Genial! A su madre le parece bien. Todo arreglado. Le cosí
las ratas a modo de colgante y puse todo en una bolsa. Al día siguiente entregué
a su madre la bolsa con el disfraz en la puerta del colegio. Ni siquiera
saludó.
Más tarde yo estaba en casa sola con los dos pequeños y cuando bañaba al
bebé oí el timbre. Saco al niño de la bañera con una toalla y al abrir la
puerta allí estaban la peque y su madre. Me sorprendo porque nadie me había
dicho que venían. Saludo y les invito a pasar. La madre no contesta, se queda apoyada
en la pared, fuera de casa. "La peque" me devuelve las botas y me
dice que ya no las necesita que su mami le ha comprado unas nuevas esa misma tarde.
La espada de casa de su madre es pequeña y no le va bien con el disfraz. Va a su
cuarto y coge la espada que compramos juntas. Se va. Me quedo con mi hijo en brazos
aún mojado envuelto en la toalla mirando la situación, cierro la puerta. Ya lo
ha vuelto a hacer. Cualquier cosa que viene de mí lo rechaza sin más. Es increíble qué fijación tiene esta señora conmigo.
"La peque", como si nada.
El papá habló con su hija tras la fiesta de Halloween una tarde tranquilamente.
Parece que las botas me las devolvió porque su madre decía que olían mal y no quería
que las llevara. Pero si son unas super botas de piel chulísimas y nuevas! Me quedo
alucinada, dolida, frustrada.
Y así pasan los días, con una de cal y otra de arena. Con sentimientos
encontrados, con momentos de total felicidad y momentos de amargura, de frustración.
Hay días que me canso de luchar contra el papel de madrastra con la manzana envenenada,
siempre en tela de juicio, siempre vista como una amenaza.
Y luego, pues luego viene lo inevitable. La pelea en casa con mi marido. Si
os digo que lo quiero con toda mi alma me quedo corta. Estoy enamorada de este
hombre y no puedo imaginar mi vida sin él. Adoro su compañía y sus manos, sus besos
cálidos en el ascensor, su huevos pasados por agua para desayunar, que lleve la
camiseta que le regalo con etiqueta y todo. Pero los menosprecios de su ex
menoscaban mi frágil seguridad, amenazan el equilibrio entre nosotros, me
desplazan a un segundo plano. Y exploto, lloro, me enfado. ¿Por qué lo
consientes? ¿Por qué tengo que aguantarme? ¿Por qué tengo que ser yo siempre la
civilizada? Porque tú eres una buena persona, porque eres una señora, porque
hacemos lo correcto, porque es por el bien de la niña, porque ya se lo he dicho
muchas veces y lo hace más aposta para molestarte …y me quiebro… todo eso ya lo
sé pero por alguna razón no es suficiente, solamente pido respeto.
Ayer llegó, de nuevo, con los leotardos rotos (leotardos que vienen de casa
de madre).
"La peque": ¿Me has comprado nuevos?
Yo: Si, cariño!
"La peque": Vale.
Y yo pienso "ya, pero no es mi responsabilidad,
tu madre tiene la custodia, gana mucho dinero a costa de tu padre, te pone la
ropa vieja y yo no tengo porque comprarte nada, ni estar pendiente de tus calcetines,
lo hago porque te quiero, date cuenta, date cuenta mañana cuando tu madre vaya
a buscarte al cole y lleves los leotardos nuevos y pases por delate de mí y no
me saludes".
Pero no digo nada.
No soy la bruja de la manzana envenenada, pero si sigo así puede que al
final me envenene con mi propia manzana y ya no quiera comprar disfraces ni calcetines.
¿Cómo lo lleváis vosotras? ¿Cómo afrontáis el día a día? ¿Veis conflicto de lealtades en los peques?
PD: Siento el tono amargo del post de hoy, pero …. hay días que no puedo más.
