Este blog es sobre las gracias y desgracias de ser madre y madrastra. Se acabó ser "la mala del cuento".
Mostrando entradas con la etiqueta mamás. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mamás. Mostrar todas las entradas
30 de abril de 2014
Un mañana cualquiera
23 de enero de 2014
Conversaciones…entre madre e hija
Los porqués de mi chiquitina
Ayer salí más temprano del trabajo y como mis pequeños no tenían ninguna
actividad extra-escolar pensé que sería buena idea pasar la tarde con ellos por
ahí, merendar y esas cosas. Así que fui a buscarles a la guarde lo más temprano que pude.
Esta es la conversación que mantuve con mi chiquitina de casi tres años :
Yo: Hola cariño, esta tarde he pensado
que sería divertido pasar toda la tarde juntas e ir a merendar al centro
comercial, de compras y al parque. ¿Qué te parece?
La chiquitina: No. No
quiero (contesta categórica mi hija)
Yo: mmmmmm, no? ¿Por qué?
La chiquitina: Pol que no
mami.
Yo: ¿no quieres pasar la tarde con tu
mami?
La chiquitina: Que no
Yo: Entonces, ¿con quién te gustaría
pasar la tarde, cariño?
La chiquitina: Con mi
Tata (así llama a su hermana mayor, “La peque” de este blog, hija de mi marido)
Yo: Ya princesa, pero ya sabes que la Tata
no puede estar todas las tardes con nosotros. Ya te lo he contado muchas veces.
Sólo puede venir algunos días.
La chiquitina: Pero ¿pol
qué? Yo quiero la Tata.
Yo: Porque ya sabes que tu Tata tiene
otra mami que la quiere mucho y también quiere estar con ella. Hoy está con su
mamá y va a la piscina.
La chiquitina: ¿Pol qué Tata
tiene otra mamá?
Yo: Porque tu papi tuvo una hija con
otra chica y esa mujer es la mamá de tu hermana. Tú sabes dónde vive y sabes
también que tiene un perrito, no?
La chiquitina: Sí, pero digo
que ¿pol qué?
Yo: Pues mira creo que yo ya no te
puedo contestar a éso. Deberías preguntárselo a papi cuando llegue.
La chiquitina: Vale. ¿Poemos
comprar chuches?
Yo: J
Y así me sacó una bolsa de chuches ayer por la tarde….
21 de noviembre de 2013
Yo también quiero cambiar el cuento
Navegando por la red encontré hace poquito una
iniciativa que me ha encantado. La encontré por casualidad, como se encuentran la
mayor parte de las cosas en internet.
Se trata de un proyecto que quiere dar una segunda oportunidad a los cuentos de siempre.
Como yo, son padres a los que nos les gustan los estereotipos que muchos cuentos
plasman en su historia. No les gustan las princesas perezosas ni las madrastras
malísimas. Quieren cambiar el cuento. Y en eso están. Han empezado su proyecto
en Verkami una plataforma de crowdfunding y parece que les va muy bien. Enhorabuena!! El proyecto ya está en marcha y los cuentos a punto de salir del horno.
Yo no publico libros pero también quiero cambiar el cuento. Lo intento cada día que me levanto, con cada abrazo que doy, en cada cena, en cada sonrisa. Quiero que mis peques, biológicos o no, crezcan felices e iguales. Mi proyecto tiene también un poco crowdfunding porque no lo hago sola, tengo mis propios “mecenas”. Mi marido, mis padres, mi hermana, mis amigos apoyan este proyecto con mirada abierta, con su cariño, sin importarles lazos de sangre, sin hacer diferencias.
Gracias a Cuatro Tuercas por “Érase dos veces”, gracias a mis “mecenas” por hacer que mi cuento siga cambiando.
18 de noviembre de 2013
Colecho "interruptus"
Antes de vivir con la peque y de tener mis niños no tenía ni idea de
qué era el colecho. He de admitir que
ni siquiera había oído la palabra.
Para aquellos que no están puestos en los términos de los “conhijos” os
lo cuento muy fácilmente. Es la práctica en la que los bebés y niños duermen
con uno o con los dos padres. En algunas partes del mundo es bastante habitual
y en nuestro país parece que se ha abierto un debate sobre las bondades e
inconvenientes de esta práctica. Hay opiniones para todo, tantas como formas de
crianza.
Yo la verdad es que lo tengo claro y no me da miedo quedar como una
mami poco moderna. Los niños deben dormir en su propio espacio, en su
habitación y en su camita. He leído bastante sobre el tema (autores pro y contra)
y, además, tengo la evidencia empírica de mis propios niños.
En mi humilde opinión, si enseñas a los niños desde el principio que
deben dormir en su cama y que no pasa nada porque estén solitos en su
habitación a oscuras (o en
semioscuridad), simplemente no pasa nada. Mis hijos han aceptado este hecho
desde que se “independizaron” a su habitación (ahora compartida por ambos) con
6 mesecitos. Aprendieron a estar seguros y dormir sin lloros, sin traumas. Aprendieron
que los queremos muchísimo y que esa es su hora de sueño. Aprendieron que
aunque mama y papá no estén en su habitación sino en el salón viendo la tele,
leyendo, o haciendo cualquier otra cosa, no están solos. Y que estaremos ahí en
cuanto nos llamen.
Mis hijos son una maravilla durmiendo. Y son felices. Y se sienten
seguros. Y nosotros podemos hacer algo de vida de pareja, podemos disfrutar de
nuestra cama, de nuestra intimidad y nuestro espacio. No voy a decir que es
igual que cuando no teníamos niños, pero desde luego es mucho mejor que cuando
los bebés dormían en nuestra habitación.
Esto ha permitido que mis peques se hayan quedado a dormir en casa de
sus abuelos sin ningún problema mientras nosotros estábamos de viaje o algún
que otro día con la babysitter mientas nosotros disfrutábamos de una teatro o
un concierto. Para mí es una “win-win situation".
Mis niños saben dormir. Y dicho así parece poco, pero los papis y
mamis cuyos hijo no duermen bien saben que el sueño es una de las cuestiones
más importantes y que un hijo no duerma bien puede desquiciar a toda la familia.
Además, ¿habéis dormido alguna vez con niños? Os puedo decir que lejos
de ser una imagen bucólica como las que nos venden las pelis es un auténtico martirio!!!
Echad un vistazo a este dibujo y decidme si no os sentís identificadosJ
El caso de “la peque” es curioso. Durante los cuatro años que convivo
con ella siempre ha dormido en su cama. Ella tiene una habitación para ella
sola y nunca ha tenido problemas para dormir. De hecho nunca ha dormido con nosotros,
ni con su padre cuando yo no estoy ni comigo cuando su padre no está (cosa que
ha ocurrido en escasísimas ocasiones). Duerme bien en hoteles, en casa de mis
padres, en todas partes. Al menos cuando está con nosotros.
Lo que me asombra e incluso nos preocupa un poquito (y aquí meto a su
padre porque a él también le tiene algo preocupado) es que cuando está con su
madre es distinto. Entre semana lleva ya años durmiendo con su madre una parte importante
de las noches. Es lo que yo llamo colecho
interruptus.
No es que la madre de "la peque" sea una creyente del colecho, sino que
empezó a ponerla en su cama porque, según ella, le daba calma y amor y acabó haciendo
de esta práctica una costumbre que aún continua. Según “la peque” su madre lo
hace porque la quiere mucho (¿y nosotros no la queremos porque duerme en su
habitación?) y porque su cama en la otra casa, dice, que es pequeña e incómoda.
Bueno, esos son sus argumentos y lo que nos llega a nosotros a través de “su
versión” .
El caso es que su madre vincula amor, cuidado, preocupación a dormir
juntas. Y claro pues a una niña de ocho años le encanta dormir junto a su mami.
Supongo que no tiene nada de malo si se realiza de manera coherente
pero el tema es que en esta historia hay alguien más. El “novio de mama”.
Cuando él está en casa, pues se acabó el colecho. La peque vuelve a su camita y
su mami se va a dormir con su novio. Y aquí veo yo el problema. Ya pasó lo mismo
con el novio anterior y “la peque” no quería que fuera a casa de madre mucho
porque, claro, cambiaba su rutina… y le quitaba a su madre por la noche!!!!. “La
peque” nunca aceptó del todo a ese novio. No podría afirmar que la razón fue el
colecho interruptus, pero tengo claro
que no ayudó a integrarle en la familia.
Ahora vuelve a pasar lo
mismo. “Si el novio de mama no está duermo con mi mami, si viene el novio, pues
me voy a mi cuarto”. Si su madre vincula amor y colecho, ¿qué siente una niña
cuando la mandas a su cama porque la tuya está ocupada? ¿siente que no la
quieres? ¿siente que este novio le quita su espacio? ¿le da igual? ¿lo entiende?
Yo no lo sé, pero me temo que debe doler. A mí, desde luego, me dolería.
“Colecho sí o colecho no” no es el debate, como siempre, el tema es coherencia
si o coherencia no.
13 de noviembre de 2013
Boarding
Hace escasas horas que me ido y ya los echo de menos. Es increíble,
pero es así.
Si ir al súper sin los niños es como tomarte el día libre, irte de viaje de trabajo con una maleta de mano y un libro es como estar de vacaciones.
He desayunado en el aeropuerto, mi cafelito manchado de siempre y unos donuts (porque me gustan y por eso de echar una mano a Panrico). Y ¿sabéis qué? Pues que ni he abierto el paquete. No había nadie en mi mesa peleando por el donut, ni llorando porque quiere un trozo más grande, ni zumo de naranja derramado por ahí. Mi desayuno ha sido tranquilo (esa ansiada tranquilidad que tanto añoro cuando me come la rutina loca del día a día)… tranquilo y aburrido!!!!. Aún llevo los donuts en el bolso, supongo que en algún momento me entrará la necesidad de subir mis niveles de azúcar y entones me pegaré un atracón :).
Me río yo sola mientras espero a que embarque el vuelo. Llevo las manos metidas en los bolsillos del abrigo y toco una orquilla de Hello Kitty, una Polly Pocket descabezada, una toallita (antes húmeda) sucia y reseca y….lo que parece ser un caramelo medio chupado (ajjjj…está pegajoso!!!). En mi maleta llevo mi ordenador, un par de trajes de chaqueta y unos cuantos documentos aburridos que debería aprovechar para leer (en lugar de escribir en el blog!).
En el fondo me divierte esta combinación entre mami, madrastra y profesional. A veces parece difícil compaginarlo todo, pero si te apoya tu familia todo es posible.
Es verdad que les he dejado una nota sobre las actividades de los peques y sus rutinas que bien podría competir con la Biblia. Una nota (muy currada por cierto) que ha tenido como respuesta por parte de mi marido: “No te líes, cariño. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Qué se salten una actividad extraescolar…pues ya ves qué problema”. ¿Y por qué lo hago sabiendo que al final me van a llamar pesada? Yo sé que estarán perfectamente sin mí. Y no lo hago porque no confíe en ellos ni porque piense que soy imprescindible, tan sólo lo hago porque es una ayuda. O eso creo. Tener las cosas organizadas hace la vida de todos más fácil.
Ya estoy llegando a mi destino y la azafata me insta amablemente a que apague el ordenador.
Estoy dispuesta a disfrutar de estos dos días de trabajo, de
dos noches de hotel sin biberones de por medio y de algunas horitas de soledad.
Ah! y espero aprender algo en el Congreso:)
17 de enero de 2013
Te estoy mirando papá
Supongo que todos los que somos padres o madres nos damos cuenta de que nuestros hijos nos miran, nos imitan, caminan como nosotros, tienen nuestro color de ojos o nuestro sentido del humor. Eso nos hace sentir especiales, orgullosos, felices. Pero el hecho de que nuestros hijos nos miren va más allá de que se pongan nuestras zapatillas de estar en casa o repitan nuestros gestos mientras nos maquillamos o afeitamos.
Tenemos una responsabilidad. Su vida estará marcada por cómo nos comportamos, por cómo tratamos a los demás, por cómo vivimos.
En los casos en los que los padres están separados, los niños tiene dos visiones de la vida, dos formas de entender el mundo que seguramente sean distintas (por algo se separaron, no?), pero no necesariamente una debe ser buena y otra mala. Cada familia (la materna y la paterna) aportará al niño una serie de valores y principios que le serán útiles y válidos para desarrollarse como persona íntegra y feliz. No caigamos en desprestigiar al otro. Nunca lo hagamos en frente del niño.
Muchas madres, por el hecho de ostentar la custodia del menor, se creen con el derecho de juzgar la vida del padre, de hablar mal de él, de pedir dinero sin límites, de decidir sobre la vida del menor sin consultar al padre.
Aunque las consecuencias no se vean de manera inmediata ese comportamiento afectará a nuestros hijos para siempre. Y, a la larga, les hará infelices. Su padre es su otra mitad, y le quieren.
Esta reflexión me la aplico como madre pero también como madrastra.
En mi caso, convivir con "la peque" implica muchas veces tragarme cuadradas comentarios sobre su madre, sobre lo que hace con ella, o sobre lo que ella dice sobre mí y mi familia. No puedo caer en ese juego sucio, no debo. Yo también soy un adulto en el entorno de influencia de "la peque" y por ello tengo mi parte de responsabilidad.
Os engañaría si os dijera que no me llevan los demonios en muchas situaciones (sobre todo cuando niega al padre, cuando le trata como un elemento accesorio que tan sólo paga las facturas, o cuando se mete conmigo). Hay veces que de tanto morderme la lengua me hago sangre y veces en las que mi cara y tono de voz ya dicen más de lo que yo quisiera. Aún debo pulir más mis emociones. En ello estoy.
¡No nos olvidemos que nuestros hijos nos miran!
26 de noviembre de 2012
Madres en la red
Parece que la combinación madre e internet es más común de lo que yo creía en un principio. Somos muchas las madres (aunque no tantas las madrastras) que sentimos que necesitamos un espacio, aunque sea virtual, para expresarnos y compartir. Hay cada vez más blogs sobre estas cuestiones y hasta las marcas de productos infantiles y relacionados con la maternidad están comenzando a tomar en cuenta el fenómeno de las madres blogeras para poder posicionar mejor sus productos.
Mi intención con este blog no es tan ambiciosa como ser un punto de referencia ni convertirme en un líder de opción. Mi intención sigue siendo crear un espacio desenfadado, espontáneo, sin cabida para grandes amarguras para desahogarnos, compartir y reír. En ese intento sigo y como parte de mi evolución como blogera primeriza y todavía inexperta me he decidido a formar parte de un espacio mayor donde se agrupan blogs con una temática común (madres y cosas de madres) con la ilusión de poder "ser leida" y que más madres y padres, madrastras y padrastros intercambiamos experiencias .
Por eso a partir de hoy podéis ver en mi blog una insignia que pertenece a madresfesra. y otra que pertenece a el club de las madres felices. Si visitáis sus páginas encontraréis un montón de blogs y seguro que con más de uno os sentís identificados.
12 de abril de 2012
Es un chico normal, qué raro, no?
Hace ya unas semanas que mi amiga del alma (una de esas amigas que están siempre ahí aunque no las veas y que tuve la suerte de encontrar en la multitud de la vida universitaria) me dice por teléfono: "pues eso… que somos pareja, bueno, que salimos… bueno que no sé cómo decirlo porque hace ya mucho tiempo que no me pasaba…".
Para poneros en antecedentes os diré que Eva siempre vive intensamente, quiere mucho y quiere pronto, a veces demasiado. Tuvo un hijo con un hombre que nunca se ocupó de ella, tampoco de su bebé. Tan sólo desapareció al saber del embarazo y ya está. Hace ya más de tres años de esto y Eva siguió para adelante con dignidad, valentía y alegría.
Ray nunca ha recibido de su padre una pensión alimenticia, ni una llamada por su cumple, ni un regalito por navidad, ni nada de nada… Gracias a este tipo de hombres innombrables el resto de padres, buenos padres, tienen que vivir bajo la presión de tener que demostrar día tras día y hora tras hora que no van a desaparecer, que quieren a sus hijos, que son responsables… algo que se nos presupone a la madres tan sólo por parir…pero este es otro tema y no me quiero desviar.
Ser mujer de treinta y tantos con un hijo pequeño no debería ser un problema para encontrar pareja, pero a veces lo es. Los hombres se sienten abrumados, superados, desatendidos, y no sé que otro montón de cosas y no son capaces de comprometerse con una situación así. Pero tras años de soledad compartida a medias con hombres que van y vienen y se inventan excusas de lo más divertidas y variopintas (a uno le surgió un negocio en México de un día para otro y ya no volvió, otro le contó una milonga sobre que no es su momento para salir con alguien y salió a los pocos días con su compañera de trabajo, y cosas así), por fin aparece Saúl.
"Es normal", me dice Eva. "me llama cuando dice que va a llamarme, salimos a merendar con Ray, vemos una peli… es raro, no?".
Y es que lo normal se convierte en raro cuando estás acostumbrada a promesas incumplidas.
Ahora pasan tiempo los tres juntos. Se están acostumbrando a la nueva vida. Todos tienen que aprender. Todos tienen que adaptarse. Todos tienen que abrir su corazón y compartir. Y en eso están.
Saúl tendrá que mimar a su chica y a su hijo, cuidar que no se les resfríe el corazón, poner velitas para una cena a dos, ver pelis de Disney, jugar al tragabolas (yo les regalé este clásico de los juguetes y a Ray le encanta), y meter en el carrito de la compra los phoskitos que hace ya décadas que no compra. Tiene que ganarse un papel en la vida de Eva y Ray. Con Eva parece que lo está haciendo bien porque la tiene "en el bote". Y con Ray tiene que lidiar, y tendrá por mucho años me temo, con cuestiones anecdóticas y cuestiones de principios: si le ayudo con los deberes o me limito a jugar al fútbol en el parque; si le enseño a poner la mesa o mejor dejo que sea su madre quien ponga las reglas; y un largo etcétera.
Desde mi experiencia creo que para que salga bien no vale mirar desde la barrera, hay que involucrarse y ganarse un papel con los hijos de tu pareja. Sin imposiciones y con mucho cariño, con diálogo y juegos. Pero hay que estar presente.
Y ahí Eva tendrá, si quiere, que darle un hueco. Eva tendrá que aprender a compartir a su hijo, a aceptar que sus macarrones con tomate ya no sean los mejores del mundo, a que prefiera jugar con Saúl a los coches de carrera. Para Eva también es una lección de amor.
Para Ray…bueno Ray es aún muy pequeño y ya nos irá demostrando a todos cómo asume la nueva situación. Pero conozco su corazoncito y estoy segura que sabrá querer y ser querido. Que ve la sonrisa de su mami e intuye la felicidad en su piel y que comprende que tres es un número mucho mejor que dos para jugar al parchis.
En fín, ya lo irán descubriendo. Y yo espero estar ahí para vivirlo con ellos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









