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10 de junio de 2015

Carta de una madrastra a una madre





Escrita con propósito de enviarla a su destinataria real pero con la impresión de que no haría sino empeorar la cosas, aquí os dejo la carta que he escrito este fin de semana a la madre de mi hijastra. Al menos la leeis vosotras, que seguro que en algo coincidimos.




Querida Xxx,

Tras los múltiples whatapss recibidos por mi marido el pasado fin de semana donde criticas abiertamente mi persona y la mala influencia que ejerzo sobre tu hija (mi hijastra) he decido ponerme en contacto contigo con el fin de que comprendas algunas cosas.


Tu falta absoluta de empatía, tu idea de que ostentas la verdad absoluta y tu incapacidad de autocrítica me sorprende e irrita a partes iguales pero voy a hacer un último esfuerzo para evitar tus mensajes tóxicos sobre mi vida familiar.


Vamos por puntos:

  • Te recuerdo que tú has querido la CUSTODIA monoparental y has hecho todo lo posible para desprestigiar al padre de tu hija y evitar que le otorguen la custodia compartida que solicita desde hace años y que, de hecho, ejerce en la práctica. Este hecho en sí mismo, ya dice bastante poco de ti como madre y mujer porque sabes que es un padre estupendo, que vivimos muy cerca para facilitar las cosas, que sigue con detalle toda la vida de la niña, que es, simplemente, un buen padre.
  • Ya que tienes legalmente la custodia de tu hija conviene recordarte que la custodia otorga unos derechos y también una serie de OBLIGACIONES. Tu hija llega a mi casa con lo puesto, es decir, con el uniforme, del que ni siquiera compras muda ni unos calcetines para que vaya limpia desde mi casa. No le preparas nada de nada para los días que está en mi casa, es decir, para aprox el 40%  del tiempo, y tenemos además que comprar todo tipo de ropa y calzado (además de disfraces, material escolar y extraescolar, y un largo etc.) para cubrir lo que se supone que tú debes hacer con la pensión de alimentos que ya recibes y que asciende a una cuantía muy elevada. Si quieres ejercer una custodia compartida, te invito a que la firmes delante del Juez.  
  • Tú has llegado a decir que tu hija es la babysitter de mis hijos. Puedo asegúrate que no lo es. Es la HERMANA mayor de mis hijos, juegan, se cuidan, se pelean como hermanos que son. En ocasiones, tu hija acompaña a sus hermanos a la piscina o a un cumple, como mis hijos pequeños acompañan a tu hija cuando es a la inversa. Somos una familia de cinco miembros y trabajamos en equipo para que todos aprendan lo que es respeto, paciencia, solidaridad y FAMILIA. Tú que vienes de una familia grande supongo que sabes a qué me refiero. Me parece increíble que teniendo tres hermanos puedas ser tan cerrada en reconocer la importancia de los hermanos en la vida de niños y adultos. A este respecto te pediría encarecidamente que dejes de llamarlos medio-hermanos o hermanastros, a tu hija le duele y nos ha contado avergonzada el desprecio con el que te refieres a ellos. 
  • Amenazas con denunciarme porque dices que te insulto y te provoco con mi saludo cuando coincidimos en la puerta del colegio. No quisiera ponerme más paternalista pero de nuevo tengo que recordarte que saludar es un acto de cortesía y buena educación, importante siempre, pero sobretodo en la puerta de un colegio y delante de tu hija y la mía. Debemos dar ejemplo. Esto no significa que te aprecie o quiera ser tu amiga, tan sólo que soy una Sra. educada y que tu presencia realmente no me altera. Te saludo como a docenas de personas con las que me cruzo a diario. Si quieres hacer más el ridículo puedes intentar denunciarme por saludar, pero los riesgos de que se rían de ti son bastante altos. Piénsalo bien. Yo por mi parte te seguiré saludando. Lamento las molestias que mi sonrisa te produce. 
  • Dices que tu hija me tiene miedo y que le "pongo caras" cuando me cuenta cosas. Esto la verdad, sí que me ha dolido. A tu hija la quiero mucho y aunque no te doy mucha credibilidad, el simple hecho que digas que me tiene miedo me lleva a reflexionar y a repasar las cosas y conversaciones que tengo con ella. He analizado mucho y creo absolutamente que te equivocas. No me tiene miedo, en absoluto. Habla conmigo, ríe conmigo, me abraza, me besa, me toma el pelo, me coge de la mano, me dice te quiero al oído, me pide que la ayude a estudiar, que le ayude a lavarse el pelo, que le haga una trenza, comparte conmigo historias de sus amigas del cole, etc., etc. etc. No me tiene miedo. Mi percepción, contrastada con mi marido, es que lo que tiene es miedo de decirte que se siente bien conmigo y que tú consigues reprimir con tus paranoias todos los sentimientos positivos que tiene cuando está con nosotros hasta tal punto que tan sólo te cuenta las cosas malas (que también las hay). Las discusiones caseras, mi dolor de manos, la pataleta de su hermana… A lo que sí tengo que darte la razón es a eso de que "le pongo caras". Dicen que la cara el espejo del alma y yo, cuando me muerdo la lengua, pongo cara rara y se me nota que estoy incómoda. El otro día, sin ir más lejos, en una conversación antes de dormir, me dijo avergonzada y triste, que ella piensa que su madre está celosa de mí, que se lo han dicho sus amigas. Que te burlas en casa de su padre y de mí y nos críticas en el cole y que le da pena pensar que me voy a quedar sin amigos…imagínate mi cara. Pues un poema. Hombre podría haber dicho lo que pienso, que sí, que eres una celosa y enviosa y que tu comportamiento es despreciable. Pero al final lo que traté de trasmitirle es que no se preocupe por mis amigos, que los tengo y saben quién soy, que a mí lo que me importa es que ella sepa que la queremos mucho y que no hacemos nada malo. Y acabamos con un abrazo. Después me tuve que tomar un gintonic porque se me salía el corazón por la boca.
  • Unos días me llamas entrometida porque hago muchas cosas por tu hija, lo que te molesta. Otras dices, dices que como no es mi hija pierde oportunidades porque no nos preocupamos de ella, lo que también te molesta. En este punto te diré, lo primero, que te aclares. No puedes mantener un argumento y el contrario, porque pierdes toda la credibilidad. En segundo lugar, tu hija y mis hijos son iguales en mi casa, todos tiene las mismas oportunidades y su padre y yo nos ocupamos muy mucho en educar en igualdad.

En suma, por favor, deja de hacerme protagonista de tu papel de víctima, de tus conversaciones de maruja, de tus frustraciones. Se educada y vive tu vida, le harás un gran favor a tu hija para poder crecer con equilibrio y mentalmente segura y sana.

En próximas ocasiones si tienes quejas con respecto a mí, habla conmigo, soy una tipa bastante abierta y te aseguro que, al menos, te voy a escuchar.

Un saludo,

Mami y madrastra
 

17 de enero de 2013

Te estoy mirando papá



Supongo que todos los que somos padres o madres nos damos cuenta de que nuestros hijos nos miran, nos imitan, caminan como nosotros, tienen nuestro color de ojos o nuestro sentido del humor. Eso nos hace sentir especiales, orgullosos, felices. Pero el hecho de que nuestros hijos nos miren va más allá de que se pongan nuestras zapatillas de estar en casa o repitan nuestros gestos mientras nos maquillamos o afeitamos.

Tenemos una responsabilidad. Su vida estará marcada por cómo nos comportamos, por cómo tratamos a los demás, por cómo vivimos.

En los casos en los que los padres están separados, los niños tiene dos visiones de la vida, dos formas de entender el mundo que seguramente sean distintas (por algo se separaron, no?), pero no necesariamente una debe ser buena y otra mala. Cada familia (la materna y la paterna) aportará al niño una serie de valores y principios que le serán útiles y válidos para desarrollarse como persona íntegra y feliz. No caigamos en desprestigiar al otro. Nunca lo hagamos en frente del niño.

Muchas madres, por el hecho de ostentar la custodia del menor, se creen con el derecho de juzgar la vida del padre, de hablar mal de él, de pedir dinero sin límites, de decidir sobre la vida del menor sin consultar al padre.

Aunque las consecuencias no se vean de manera inmediata ese comportamiento afectará a nuestros hijos para siempre. Y, a la larga,  les hará infelices. Su padre es su otra mitad, y le quieren.

Esta reflexión me la aplico como madre pero también como madrastra.

En mi caso, convivir con "la peque" implica muchas veces tragarme cuadradas comentarios sobre su madre, sobre lo que hace con ella, o sobre lo que ella dice sobre mí y mi familia. No puedo caer en ese juego sucio, no debo. Yo también soy un adulto en el entorno de influencia de "la peque" y por ello tengo mi parte de responsabilidad.

Os engañaría si os dijera que no me llevan los demonios en muchas situaciones (sobre todo cuando niega al padre, cuando le trata como un elemento accesorio que tan sólo paga las facturas, o cuando se mete conmigo). Hay veces que de tanto morderme la lengua me hago sangre y veces en las que mi cara y tono de voz ya dicen más de lo que yo quisiera. Aún debo pulir más mis emociones. En ello estoy.

¡No nos olvidemos que nuestros hijos nos miran!

28 de noviembre de 2012

Horror y pavor…¡la locura ya ha empezado!



Las ciudades comienzan a tamizarse de luces de colores, los anuncios de la tele se han llenado de juguetes, los supermercados de turrones y nueces. Algunos incluso ya hemos comprado lotería de Navidad y el cava de rigor. Lo irremediable está a punto de pasar: ¡¡llegan las temidas Navidades!!!

Ya sea porque hay que reunirse con la familia y comer sin parar durante días, por las colas en los centros comerciales o porque los niños están sin cole y con subidón de adrenalina,  conozco a más bien pocos que les guste la Navidad.

En casa no ponemos Belén, pero las peques ponen a los Reyes Magos (y algún angelote suelto) coronando mi amado mueble minimalista del salón (para mi dolor y ante la pasividad de mi querido esposo) y colocamos entre risas un árbol de plástico (no de lo peor que se puede encontrar) a reventar de bolas del IKEA.

Yo siempre (fiel a la tradición de mi madre) compro un par de flores de Pascua (qué sigo sin saber porque se llaman de Pascua si estamos en Navidad) y comienzo a dar color a la casa apenas entramos en noviembre.

Pero bueno, esa es la parte colorida y divertida.  A lo que voy, que me despisto.

Mi problema con las Navidades son los regalos. En casa, para ser honestos, pasamos la Navidad como si de una orgía de regalos se tratase. Como vivimos en una familia multicultural pues eso es lo que pasa. Que hay que celebrar el Papá Noel de donde nació papá, el Papá Noel en casa de los abuelos, y los Reyes Magos que marca la tradición….Así que las peques se juntan con un sin fin de paquetes de todas dimensiones llenos de juguetes llamados educativos, libros de todo tipo, un par de puzzles de un millón de piezas que acaban tirados en la alfombra del salón, y otras cosillas más o menos inútiles que sólo ocupan espacio y suelen hacer mucho ruido. Mientras, papi acaba montando y poniendo pilas a toda clase de elementos articulados.

El problema con "la peque" es doble, pues le toca orgía doble cuando va  a casa de su madre.

¿Qué podemos hacer? ¿Cómo gestionar este aluvión de regalos? Nadie quiere dejar de aportar su pequeño (o gran) "detallito" a las peques…"es que ponen esa carita de ilusión…" ¿Cómo decirle a un abuelo o a un tío que no compre nada?

Yo tengo comprobado que las peques se agobian con tanto paquete, que sólo abren regalos desfrenadamente y si siquiera miran lo que hay dentro, que les entra una especie de furia que les impide concentrase en lo que tienen entre las manos.

Una opción muy socorrida es, después del subidón, ir guardando los regalos y sacándolos poco a poco a lo largo de año para que disfruten más y mejor de cada cosa. La pena es que aún tengo en el armario regalos de las Navidades pasadas que aún no hemos tenido la oportunidad de disfrutar, algunos están incluso por abrir.

Nosotros este año hemos optado por minimizar hasta el límite nuestros regalitos a las niñas, pero por otro lado ya hemos empezado a comprar para los hijos de los amigos, los sobris, los primos… Y es que contribuir a la lujuria ajena es más fácil que gestionar de manera responsable el afán consumista de los tuyos.

¿Vosotros qué hacéis? ¿Alguna buena idea para sobrellevar el tsunami de juguetes? ¿Cómo podemos evitar que los niños de padres separados amontonen juguetes iguales en casa de papá y mamá?


7 de mayo de 2012

Bonus a final de mes


En esos tiempos de crisis tener un bonus suculento a final de mes es la ambición de muchos y seguramente la alegría de pocos. Cuando trabajaba en la banca el bonus marcaba el ritmo de trabajo y en muchas ocasiones también el tipo de trabajador que uno era. Había que conseguirlo a toda cosa, por dinero, por ascenso, por prestigio, por competitividad, por lo que sea…

Parece que este sistema de incentivos se está extendiendo más allá de la banca, más allá de la vida profesional, a los colegios, las guarderías e incluso las familias. A falta de los bonus que consiguen hoy los padres y madres en sus trabajos, ahora son los más pequeños quienes traen a casa diplomas con "la estrella de la semana", "el mejor del comedor", "gold award"… (e incluso regalitos asociados a este título: muñequitas minúsculas, lápices de colores, yoyós…). Y nosotras, orgullosas madres y madrastras, lo colgamos en la puerta del frigorífico. Les reconforma más a ellos o  a nosotros?

Y es que parece que los educadores de hoy, o al menos muchos con los que yo me encuentro a diario, consideran que un sistema de recompensas motiva los niños para "hacer las cosas bien". Todo tipo de cosas son susceptibles de tener premio: comer la comida del comedor, aprender las tablas de multiplicar, leer un libro, si hasta  por hacer pis en el orinal la guarde les da una carita sonriente!!! http://blogs.elpais.com/mamas-papas/2012/05/operacion-panial.html

Lo que más me ha impresionado últimamente es ver que en casa también ocurren estas cosas.

Hace unos días fui a ver a unos amigos que tienen tres niños y la madre, orgullosa, me enseñaba los puntos que cada uno de sus hijos ha acumulado en el último mes.

"Qué es eso? Pregunto yo atónita.

"Son los puntos que tienen. Los que han ganado por ser buenos". Responde la madre con una sonrisa.

Puntitos de colores colocados en una hoja pegada detrás de la puerta mostraban un perfil de cada niño. Había puntos por lectura, por lavarse los dientes, por obedecer a la primera y un largo etcétera. El que llega antes a 10 puntos tiene premio!! Y qué premio!! Pueden elegir entre invitar a casa a un amigo a merendar o comprar un regalito en la tienda de chicos del barrio.

Y ahí estaba el "amiguito-premio" del hijo ganador sentado frente a una ensalada de frutas diciendo…"pero es que a mí me no me gusta la fruta…".

"Pues lleva cuidado con lo que dices chiquitín, que si te descuidas te quitan puntos y no puedes volver a casa con tu madre" pensé yo.

Me fui de allí con algo de miedo. Los sistemas de premio y recompensa pueden sin duda conseguir su objetivo en el corto plazo, pero qué pasa cuando las recompensas paran? Regresan los niños a la manera en que actuaban antes de que el programa empezara? Qué motiva el "buen comportamiento": conseguir el bonus o superase a uno mismo, mejorar como persona?

Además este tipo de sistemas fomentan la competitividad entre compañeros de clase y hermanos. Es un juego en que sólo uno gana. No es suficiente con hacerlo bien, hay que hacerlo mejor que los demás y más rápido.

Reconozco que fui una niña de esas que nunca recibieron un regalo por buenas notas ni por buen comportamiento. Mis padres eran más del estilo "cada uno tiene su papel en la familia y sus responsabilidades: nosotros trabajamos y tú vas al cole". "A mí me da igual lo que le compren a tu amiga Eva. A mí no me dan regalos por hacer mi trabajo".

Y eso marca, claro.

Me pregunto cómo motivar a las niñas para que les guste leer, se laven los dientes sin que tenga que repetirlo mil veces o estudien conocimiento del medio. "La peque" es buena, pero pasa bastante y hay que estar encima de ella para todo (o casi todo). Con la bebé aún es pronto. Pero si duda a ambas les marcará cómo les enseñemos a aprender y a ser personas. 

Aún no tenemos un sistema de recompensas en casa. Lo necesitamos?