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9 de abril de 2015

La línea invisible




Son ya casi seis años de convivencia, de amor, de rutinas, de hijastra, de hijos comunes, de vida común. Durante todo este tiempo he amado como nunca creí que se podía querer, con la incondicionalidad más absoluta, creyendo de lleno en la historia, saltándome los convencionalismos sociales de familias tradicionales, apostando por mi propia historia, por un concepto de familia más amplio. Enamorada del que ahora es mi marido y de su hija empecé sin miedos, con una mirada llena de esperanza, con alegría, con fuerza, creyendo que podría sin duda con lo que sólo serían las dificultades propias de una familia más. Porque eso es lo que somos, una familia más.

Demostrando cada día con respeto, educación y amor mi papel de madrastra creía que me ganaría el respeto y la confianza de la madre de la niña. Sin embargo, las miradas de asco, los insultos, las faltas continuas de respeto, su manera insidiosa de juzgar nuestra vida, de opinar hasta sobre lo que desayunamos, su surrealista percepción de la realidad no ha cambiado. No importa que seamos siempre "perfectos", que nos lo curremos hasta el delirio, que corramos para adaptarnos a los planes que ella impone como madre custodia, que cambiemos nuestros planes familiares, de cumpleaños, de vacaciones, nuestros horarios laborales. Nunca vale nada. Siempre hay un desprecio como respuesta.

Supongo que como parte de mi herencia de educación cristiana que aún pesa, creía que "poniendo la otra mejilla" lo conseguiría. Y lo que he conseguido es aumentar mi frustración, mi eterna pregunta de "pero por qué?", "qué más hace falta?" "cuanto más tengo que demostrar?" Cuanto más perfecta quería ser, más enfadada me sentía al recibir el rechazo, por los miles de whatapps e emails que recibe mi marido por cada mínima cosa, siempre por cuestiones accesorias (porque importante no puede decir nada) para mantener abierto un conflicto artificial. Y crecía con ello mi miedo a lo que diga la madre, a lo que diga la niña, y es como vivir con una bomba debajo de la cama. Porque la gente que quiere molestarte y herirte lo seguirá haciendo, sin más razones que el mero placer de molestar.

Y crucé la línea, una línea invisible que me no me dejaba quedarme con la parte racional, la que dicta mi conciencia de estar haciendo la correcto, que me llevó a vivir con miedo, a vivir sintiéndome juzgada. A repensar cada movimiento para demostrar que no soy mala. Y entonces, me puse mala yo.

Con las hormonas aún alocadas después de dos embarazos muy seguidos y dos lactancias, mi cuerpo y mi mente dijeron basta. Hasta aquí hemos llegado. Se me agarrotó el corazón, y las manos, los brazos, las piernas, el cuello. Llegaron las pesadillas y luego el insomnio. El cansancio crónico. Llegaron los días en lo que no podía abrir las manos al levantarme, que no me podía desvestir ni lavarme el pelo, que no podía poner una zapatilla a mis hijos o abrir una botella de agua, que mis piernas no sostenían el peso enorme de mi cuerpo. Perdí peso, se irritó mi carácter, se nubló mi sonrisa. Desde hace meses peregrino por reumatólogos, traumatólogos, osteópatas, psicólogos, unidades de fibromialgia. Tengo a mi marido, mi familia, mis amigos preocupados y las lágrimas siempre a punto de saltar por cualquier cosa.

Como decía una de las madrastras del blog, al final todo estamos hechos de la misma pasta y si nos pinchan sangramos.

Este blog y mi "salida del armario" en la entrevista publicada por Mujer Hoy han sido un paso adelante, vuestros comentarios y vuestras historias son como una terapia de grupo. Nadie como vosotras puede entender la presión de ser madrastra, de querer ser "perfecta", de tener que aguantar quejas infundadas, del esfuerzo enorme que supone evitar el conflicto.

Con este post no quiero ser derrotista si no animaros a seguir en vuestro papel, con amor, honestidad y respeto, pero sin cruzar la línea invisible. Sin olvidaros de vosotras mismas, sin faltaros al resto, con auto-crítica pero sin dejar que os preocupe que os juzguen desde fuera.

Yo sigo como mami y madrastra, reaprendiendo mi rol, haciendo las mismas cosas, con el mismo amor, pero buscando otra filosofía que no me haga daño. Es fácil cruzar la línea pero no es fácil volver atrás.

Ánimo madrastras! Somos parte del nuevo concepto de familia, aún incomprendidas por muchos, pero más común de lo que parece. No cometáis los mismos errores que yo, no os dejéis a un lado, si vosotras caéis, cae la familia. Hay que saber decir "no" de vez en cuando, aceptar que hay madres que nunca os aceptarán hagáis lo que hagáis, así que actuad en conciencia, no dejéis que vuestro matrimonio sea un trio, no viváis con miedo a amar.

Gracias de nuevo por estar ahí y por compartir.

13 de marzo de 2014

Entre madres y madrastras (segunda parte)


 


Los 10 puntos que una madre debería saber sobre una madrastra

Parece que las madrastras siempre somos las malas del cuento, tanto si nos involucramos mucho con los peques que no son nuestros hijos (se nos acusa de que queremos hacerle sombra a la madre) como si no nos preocupamos “lo que deberíamos” (se nos acusa de aislar al niño).


Así que nuestro papel es complicadillo (por decirlo de alguna manera) y acabamos siendo criticadas sin “comerlo no beberlo”.
Con un toque de ironía pero con la idea de que las madres de los peques nos entiendan un poco más y así sean capaces de empatizar de alguna manera con nuestra situación y acercar posiciones, aquí les dejo 10 puntos de reflexión sobre cómo nosotras (las madrastras) vivimos nuestro lado en esto de la convivencia con los hijos de nuestra pareja:

1.Yo me enamoré de un hombre que tiene un hijo que es una prioridad en su vida. Desde entonces, ese niño (que es tu hijo) también es una prioridad en la mía, no puede ser de otra manera si quiero vivir feliz.

2. Yo no te elegí.  No tuve una relación contigo ni un hijo contigo. Tú tampoco me elegiste a mí. Pero aquí estamos. Vive y deja vivir sería más que suficiente. Estamos “condenadas” a coexistir pero tú no eres parte de mi casa y en mi casa se hacen las cosas como mi marido y yo acordamos. Tu opinión sobre mi rutina diaria no se te ha pedido. Trata los temas importantes con el padre de tu hijo y no me instrumentalices para crear conflicto. Yo no lo hago contigo.

3. El concepto de familia es algo más amplio que la mera consanguineidad. Vivir con un niño (aunque sea parcialmente), oírle reír y llorar, curarle las heridas, ver la tele, ir al parque, abrazarse, cenar juntos, jugar al parchís, …eso hace familia. Cuando tu hijo está en mi casa, es parte de mi familia. Es uno más. Así de sencillo. Deberías sentirte feliz porque a pesar de que no está siempre físicamente con nosotros es parte igual en nuestro concepto de familia. Se le quiere, cuida y respeta con todo el amor del mundo. Eso debería hacerte feliz. Si no es así es que tu egoísmo puede más que tú.

4. Yo no hago nada para molestarte ni para hacerte de menos. Lo que hago con tu pequeño forma parte de la vida normal y no compite contigo. Ayudarle con las tareas del cole cuando lo pide, echarle una mano con la coleta, cocinar lasaña (me sale muy buena, lo reconozco) no lo hago por ti. Lo hago por el niño.

5. Cuando llamas por teléfono a veces, simplemente, no podemos coger el móvil en ese instante. Nosotros, como supongo que comprendes, también nos duchamos, hacemos pis, vamos al cine y a veces ponemos la música alta. Por favor, no envíes 50 whatsapps al segundo porque llamaste hace un minuto y quieres - ahora mismo-  hablar con tu hijo. Te devolvemos la llamada en un ratito y ya está. Tranquila. No vivimos pegados al teléfono. Deberías comprenderlo bien porque hay veces que mi marido te llama durante varios días seguidos para hablar con su hijo y tú no le coges el teléfono. A lo mejor tenías diarrea y no podías contestar, no?

6. El aire que respiramos, el agua que bebemos, es el mismo que el tuyo. Por tanto, no tienes razones fundadas para argumentar que tu hijo se pone malo con nosotros porque no le cuidamos bien. Los niños, siento comunicarte esto, se resfrían a veces. Corren, sudan, no se quieren poner el abrigo. Pero no le provocamos el resfriado bañándole en agua fría o dejando que duerma en el jardín. Además, si el niño pasa 5 días contigo y 2 con el padre, ¿dónde es más probable que se haya resfriado? Seguramente en el cole.

7. Tu hijo tiene hermanos que son mis hijos. En otras palabras, tu hijo y mis hijos son hermanos (concretamente de padre). Sé que te cuesta entenderlo, pero son HERMANOS. No le des más vueltas ni busques nuevas definiciones, del tipo sólo son medio-hermanos, ve a la RAE y revisa el término (.m. y f. Persona que con respecto a otra tiene el mismo padre y la misma madre, o solamente el mismo padre o la misma madre). Y así será para el resto de la vida. Menospreciar la relación de tu hijo con sus hermanos no dice nada bueno de ti. Tú misma tienes hermanos y sabes lo importante que es tener alguien en la vida que te acompañe siempre. Si no quieres fomentar la relación entre hermanos, al menos, no trates de destruirla.

8. Educar en igualdad es muy muy difícil. Te puedo asegurar que tratar por igual a todos los niños de mi casa, sean hijos biológicos o no, es una prioridad en nuestra familia. No sólo para mí si no para mis padres, hermanos, amigos y demás familia extensa. Si superas el esfuerzo y cariño que hay detrás de cada cosa que hago con y para tu hijo...

9. No me machaques por cada cosa que hago o no hago. Seguro que a ti alguna vez te ha vencido la pereza tras un día de trabajo y has hecho una simple pasta con tomate para cenar o le has permitido tomar chocolate un día de diario. Seguramente alguna vez te has olvidado de meter un par de calcetines blancos en la mochila de gimnasia (bueno, basado en la evidencia empírica, podría incluso decir que muchas veces) y nadie te ha acusado de mala madre, no? ¿Por qué lo haces tú con nosotros? No somos perfectos, pero tú tampoco. Si ser madre te hizo infalible me tienes que contar el secreto, porque yo también soy madre y me equivoco muchas veces.

10. Te agradezco todo el protagonismo que me das en tu vida, pero de verdad que no me hace falta. No hables de mí con las vecinas, las mamás del cole, no me pongas como causante de todo (ni malo ni bueno), ni me des tanta importancia. No lo merezco, en serio. Tan sólo vivo mi vida. Además, y sin ánimo de ofender, tú no eres tan importante para mí.

Mi mayor deseo es que algún día te enamores, te enamores de verdad, de otro hombre con hijos y la progenitora y ex sea igualita que tú! Ya verás lo que te esperaJ