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6 de mayo de 2014

El mejor día de la madre

 
"Buenos días mami..ehh..ummmm… ¡¡feliz cumpleaños!!"

Así comenzó mi día de la madre el domingo pasado. Con mi pequeña acompañada de su papi, con los ojos aún medio dormidos, con su pijama de dibujos y el dedo en la boca porque no le salía lo que me quería decir.
 
No consiguió decir feliz día de la madre pero me felicitó por mi cumple, y a mí me pareció la mejor forma de empezar el día.
 
Yo no había visto "movimiento" en los últimos días así que esperaba un domingo cualquiera con algún beso extra tal vez. ¡Pero fue un día simplemente perfecto!
 
Zumo recién exprimido por unas pequeñas manitas y otras enormes que apretaban la naranja como si les fuese la vida en ello, café con leche y croissant calentito con mantequilla y mermelada. Ni en la mejor terraza parisina. ¡Qué buen servicio!

 Mi chiquitina me ofrece una tarjeta hecha con cartulina rosa (¡claro!) con muchos corazones y purpurina donde me mandaban besos y me dan las gracias por los abrazos, las risas, por cuidarles tan bien. La letra aún poco pulida con alguna faltita de ortografía y la firma de cuatro personas: "La peque", mi chiquitina, mi bebé y el papi.
 
"Lo hemos hecho con la Tata mami". Me dice mi chiquitina.

 "La peque" no estaba con nosotros este fin de semana, pero parece que había ayudado (y mucho) a sus hermanos con la tarjeta y la había firmado!

Mis ojos se llenaron de lágrimas.
 
El papi llamó a "la peque" para hablar con ella y yo, que nunca me suelo poner al teléfono,  me puse un segundito para darle las gracias por la tarjeta, que era preciosa y me había emocionado mucho. Ella me dijo:  "De nada. Feliz día de la madre".

 Más lágrimas.

¡¡Al final sí que había habido "movimiento" y a mí se me había escapado por completo!! Parece que la tarjeta había sido creada por turnos, a ratos, con uno, dos o tres niños al tiempo (depende de cuántos estaban en casa en ese momento).  
 
Después vino un ramo de flores espléndido, un bonsái precioso, lavar el coche y ponernos perdidos de agua, una comida deliciosa, una siesta (¡hacía siglos que no hacía una siesta!), una tarde de cine con "la tropa de trapo" y un atracón de chuches.
 
Mis dos amores que no levantan un palmo del suelo me llenaron de besos pringosos y abrazos, mi marido me dedicó un domingo casero maravilloso y me trató como una auténtica reina.
 
Hacía tiempo que necesitaba sentirme tan especial… y querida…
 
GRACIAS CHICOS POR EL MEJOR DIA DE LA MADRE