Mi vida diaria supongo que no dista mucho de la vida que llevan otras
madrastras. En muchas ocasiones recibo emails o twitters de mujeres que se
encuentran en situaciones parecidas y se identifican con mis vivencias.
Por lo que me cuentan, para la mayor parte de ellas la relación con la madre de los hijos de su marido/pareja no es fácil. La relación entre la madre y la madrastra debería ser, a mi juicio, al menos educada y cordial. Al fin y al cabo las dos tenemos un rol en la vida del niño (la madre siempre será la madre pero no olvidemos que la madrastra también convive con el pequeño) y no parece ni muy inteligente ni muy sano entrar en conflicto entre nosotras.
En mi caso personal la relación con la madre de “la peque” ha pasado por distintas fases. Estas fases no son desde luego aplicables a otros casos. Depende de lo reciente de la ruptura entre los padres, de la edad y número de hijos comunes, del momento personal que esté viviendo cada persona, etc.
Estas fases resumen mi relación madre-madrastra (o al menos, así lo vivo):
Fase 1: Baby-syster gratuita. ¡Qué bien que existe esta chica! Me facilita la logística.
Por lo que me cuentan, para la mayor parte de ellas la relación con la madre de los hijos de su marido/pareja no es fácil. La relación entre la madre y la madrastra debería ser, a mi juicio, al menos educada y cordial. Al fin y al cabo las dos tenemos un rol en la vida del niño (la madre siempre será la madre pero no olvidemos que la madrastra también convive con el pequeño) y no parece ni muy inteligente ni muy sano entrar en conflicto entre nosotras.
En mi caso personal la relación con la madre de “la peque” ha pasado por distintas fases. Estas fases no son desde luego aplicables a otros casos. Depende de lo reciente de la ruptura entre los padres, de la edad y número de hijos comunes, del momento personal que esté viviendo cada persona, etc.
Estas fases resumen mi relación madre-madrastra (o al menos, así lo vivo):
Fase 1: Baby-syster gratuita. ¡Qué bien que existe esta chica! Me facilita la logística.
Mi presencia al principio fue vista de manera más o menos positiva. Yo ayudaba con los
aspectos prácticos y siempre viene bien contar con otras dos manos, pies y
ojos, no? Hablábamos con educación cuando nos encontrábamos o en los intercambios,
si yo cogía el teléfono de casa me saludaba e incluso me comentaba el motivo de
la llamada, y hasta celebrábamos los cumpleaños de “la peque” todos juntos (que no
revueltos).
Respeto mutuo.
Fase 2: Los filetes rusos de la
novia de papá me encantan.
La convivencia afianzaba mi relación con la niña y crecían nuestros lazos y
vivencias comunes. “La peque” hablaba libremente de mí en casa de su madre: me gustan
sus macarrones con tomate, jugamos al “veo-veo” en el coche, hemos ido a
comprar una mochila, me ha llevado a casa de menganita….Yo avanzaba en mi
relación familiar y por ello me hacía (y lo sigo haciendo) cargo de muchas cuestiones
caseras que atañen a toda la familia. No lo hago para competir con las
habilidades de la madre, simplemente hago la cena algunos días, voy a la
compra, lavo los uniformes del colegio, ayudo con la higiene personal, doy
besos antes de irme a trabajar…. “La peque” es parte de mi familia y las
dinámicas familiares son las de cualquier familia.
Su mundo (el de la madre) entró
en una estúpida competición con el mío. Mi ayuda ya no era bienvenida.
Fase 3. Estoy para quedarme.
La simpática novia de papá pasó a ser la mujer de papá y a ampliar la
familia. Mi presencia, sobre todo desde que nació mi primera hija, pasó a ser
una amenaza para la madre. Yo le ofrecía a “la peque” unos hermanos y una visión de la vida. Su madre lanzó la artillería
pesada.
Comenzaron los comentarios del estilo: “no eres su madre”, “tú no eres familia de mi hija”, “ocupa tu
sitio”, “tú no eres nadie”. Se acabó el buen rollo.
Fase 4: Acoso y derribo.
La madre desacredita todo lo que hago, delante de "la peque", con los
vecinos, con los conocidos comunes, en el colegio. Si hago porque hago, si no
hago porque no hago. Como consecuencia, mis hijos y yo hemos dejado de existir
para “la peque”cuando su madre está cerca . Nunca pregunta qué tal están sus
hermanos por teléfono, ni nos menciona cuando le cuenta a su madre lo que ha
hecho el fin de semana o en las vacaciones. Si nos encontramos en el
super, en el colegio o en la piscina casi ni nos saluda.
Dolor.
De madrastra a madre: Por favor, recuerda que estoy aquí para construir no
para destruir; estoy para aportar no para suplantar. No quiero ser su madre
pero soy su madrastra.
