Estas dos semanas de vacaciones navideñas han
dado para todo, días de barullo agotador con primos, tíos y abuelos; fin de
semana largo en el paraíso con mi marido (con bañera gigante y sin niños!!);
episodios extemporáneos y absurdos de la super ex y madre; días de abrazos y
besos entre cinco y conversaciones enriquecedoras, de las que pesan; kilos de
mazapán y exceso de juguetes.
Han sido unas Navidades, simplemente, felices.
Nuestro equipo, como últimamente llamo a mi familia, sigue consolidándose y
fortaleciéndose y cada día tengo la sensación de que las intromisiones externas
y las ganas de hacer daño afectan cada vez menos. No digo que el 2015 no nos
traiga episodios amargos, ni que todo está ya hecho. Soy consciente de que
cuando los niños crecen las situaciones serán más complicadas, en la medida en
que sus problemas serán más difíciles de resolver y ya no bastará una piruleta
o un rato en el cine para arreglar las cosas. Que la madurez y la pre-adolescencia
que ya se asoma en "la peque" nos retarán a ser mejores padres y
mejores madrastras, que las ganas de autoafirmación y de aprender de mi
chiquitina tentarán a nuestra paciencia, y que mi bebé ya ha dejado de ser un
bebé y su lucha por su espacio entra a veces en colisión con el mío. Pero,
aunque cansada y con algunos dolores, he empezado el año con ganas y energías.
Llena de vida y de confianza en mi proyecto vital y en mi familia.
Además este enero nos ha traído la esperanza en
forma de borrador de Ley. Parece que después de años de lucha y esperas
judiciales, la nueva Ley sobre el Ejercicio de la Corresponsabilidad Parental, que
el Gobierno dice que quiere presentar en las próximas semanas (que espero no
sean meses), establecerá la custodia compartida de los hijos de padres
separados como una opción más, la más frecuente y la más natural, y no una
excepción.
Deseo de corazón que la Ley
tarde lo mínimo y la custodia compartida sea el regalo de este 2015 para muchos
niños que aún viven pensando que sus padres son menos aptos que sus madres. Que
llegue a casa de todas las madres separadas que se han opuesto hasta el momento
y que les haga callar y bajar sus
ínfulas de diosas infalibles. Deseo que este país comience el año con una
apuesta clara por la igualdad real. Y deseo, por supuesto, que la custodia compartida llegue a mi
familia y que los abusos de poder que sostiene la custodia monoparental de la
madre se limiten al mínimo.
Espero poder seguir contando
con todos vosotras este año y que sigamos compartiendo vivencias, alegrías,
dudas y tristezas a través del blog. Sin vosotras este grito al vacío carece de
sentido.
Y ahora contadme, cómo
os ha ido la Navidad vosotras? Qué tal el comienzo del año?




